Semana 2, día 12: Practica la tolerancia al hambre Día 12: Seguimos registrando nuestras sensaciones corporales

Seguramente leíste el título del post y pensaste que estoy loca. Tantos días hablando de un estilo de vida y no una dieta temporal, de hablar de cambios saludables a largo plazo PARA TERMINAR HABLANDO DE PASAR HAMBRE. 

Ok, ok, no te aceleres, déjame explicarlo mejor. En muchas ocasiones podemos tener sensaciones corporales, más específicamente en el estómago, que nos avisan que tenemos hambre. Puede ser sólo una punzada, puede ser que gruña un poco, puedes sentir que una tripa se está comiendo a otra (jeje, así decía mi abuela). El caso es que cuando tenemos esa sensación, podemos empezar a sentirnos ansiosas y mientras más ansiedad, mayor urgencia de comer. A mayor urgencia de comer, menor capacidad para tomar decisiones saludables.

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Es por eso que si empezamos a sentir hambre y nos sentimos incapaces de controlar esa sensación hasta que podamos comer lo que ya habíamos planificado en la semana, es más fácil que caigamos en la tentación de comernos esos tacos que están a la pasada, o nos comemos una hamburguesa gigante en lugar de sólo la mitad, con el sentimiento de culpa posterior y los autorreproches de “soy débil”, “otra vez fallé” entre otras frases que solemos decirnos.

A eso se refiere el ejercicio del día. Hoy nos vamos a dedicar a identificar cuando empezamos a sentir hambre y darnos cuenta de que ésta es fluctuante. También nos vamos a dar cuenta de que podemos tolerarla y de que en muchas ocasiones, ni siquiera es hambre, es un antojo o sed. El ejercicio de hoy nos ayudará a encontrar la diferencia entre “necesitar” y “querer”: que quieras una dona con el café no significa que la necesites.

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Así que, a lo largo del día, te pido que registres tu sensación de hambre, si quieres califícala del 1 al 10 como lo vimos en el post anterior y te preguntes si puedes aguantar un poco más en lo que llegas a casa a prepararte la comida planeada, o si puedes esperar a encontrar una comida saludable en los alrededores de tu trabajo. También que te digas que eres capaz de resistir ese plato enorme de chilaquiles que ofrecen en el comedor de la oficina y que sólo te comerás la porción que corresponde a tu desayuno planeado (o que te comerás lo que llevas de lunch, mientras acompañas a tus co-workers).

En la medida en que seas capaz de identificar y controlar tus estados corporales, emocionales y mentales, serás más hábil para mantenerte en el camino saludable. Recuerda felicitarte por ello.