Semana 2, día 13: supera el deseo compulsivo de comer Cómo medir el deseo compulsivo de comer y cómo controlarlo

Durante estas 2 semanas nos hemos concentrado en identificar nuestras sensaciones corporales y organizando nuestros tiempos, recordando porqué es importante ser saludables y felicitándonos cuando realizamos conductas que nos acercan a ello. Aún no hemos empezado los cambios en el plan alimenticio, o como lo llaman en las películas de terror: LA DIETA. 

Así que todavía no nos hemos enfrentado a una situación muy frecuente, sobre todo los primeros días de cambio: el deseo compulsivo de comer, por lo general esas comidas grasosas a las que estamos dejando de lado. El deseo compulsivo de comer llega a su punto máximo durante la primera semana del nuevo plan alimenticio, vamos por la calle y se nos antoja terriblemente el chicharrón que se está comiendo el niño en la parada del camión, o los pastelitos que se está comiendo la compañera en la oficina. El problema es que si probamos un poquito con la idea de que eso nos va a quitar el antojo, eso casi nunca pasa, terminamos comiéndonos todo y hasta más.

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Por otro lado, no rendirse al deseo compulsivo de comer, aumenta la capacidad de tolerarlo y también la confianza de que podemos hacerlo. Con el tiempo, cuando lleguen esas oleadas de urgencia por comerse una dona de chocolate, seremos más capaces de tolerarlo y de decir: “mira, se me antoja mucho una dona, pero también me doy cuenta que puedo resistirlo y qué bien se siente eso”. En lugar de sentirnos frustradas e insatisfechas, nos sentiremos orgullosas por ser capaces de controlar la situación.

Sin embargo, para llegar a ese punto, primero debemos aprender a responder al deseo compulsivo de comer y eso es mucho más sencillo de lo que te puedes imaginar. Hoy vamos a aprender cómo demostrarnos a nosotras mismas que no tenemos porqué rendirnos al deseo compulsivo de comer: podemos ser dueñas de la situación.

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Cuando llegue este deseo, detente a pensar: ¿cuánto dura ese deseo?, ¿en qué momento aparece?, ¿con quién estoy, dónde estoy, qué situación estoy pasando?, ¿qué tan incómodo se siente?, ¿qué técnicas he utilizado para ya no sentirlo?

Como ves, estas preguntas son importantes para comprendernos y comprender ese antojo. Si no hemos utilizado ninguna técnica y caemos rendidas al deseo compulsivo de comer, aquí algunas estrategias para la siguiente vez que nos pase:

  • Identifícalo. Es lo primero, no te angusties, tampoco actúes por impulso. Detente a reflexionar sobre ello.
  • Mantente firme. Pregúntate si rendirte a ese deseo para experimentar un placer pasajero merece la pena.
  • Piensa en que no tienes elección. La parte que a veces duele en momentos como éste es la lucha interna: me lo como o no me lo como. Sin embargo, si pensamos en que no hay opción: NO ME LO VOY A COMER, entonces la cosa cambia, se puede sentir incómodo, pero no sucederá nada malo si lo soportas.
  • Piensa en los momentos siguientes al instante en que te rindes al deseo compulsivo de comer. Es decir, piensa en el remordimiento que sentirás después de haber fallado en tus resoluciones.
  • Recuerda la lista de beneficios de implementar un estilo de vida saludable.
  • Aléjate del lugar de la tentación.
  • Toma agua. O un café.
  • Relájate. Si te sientes muy ansiosa, unas cuantas respiraciones profundas pueden ayudar.
  • Busca una distracción. Contacta a tu cómplice de dieta para platicar un poco, haz una cosa diferente a la que haces para entretenerte.

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Finalmente, anota en tu diario la experiencia, date cuenta si hay situaciones o alimentos detonadores, reflexiona la emoción predominante, identifica los alimentos que te ponen más ansiosa y los significados que puedan tener. Recuerda, no se trata sólo de apegarse al 100% a una dieta estricta, se trata de conocernos más a partir de nuestras elecciones alimenticias.