Semana 3: ahora sí, ¡Comenzamos la dieta! Después de 2 semanas de preparación, estamos listas para cambiar los hábitos de alimentación.

No importa si es la primera o segunda vez que has iniciado una dieta, o si ya lo has intentado veinte veces. Los aprendizajes que has adquirido las dos semanas anteriores y las prácticas que has hecho te hacen estar más preparada que nunca para:

  • Planificar lo que vas a comer.
  • Comer en forma saludable.
  • Resistir el hambre hasta encontrar algo saludable qué comer y poder identificar cuando no es hambre sino antojo o sed.
  • Neutralizar los pensamientos saboteadores que te llevan a comer cosas no planificadas.
  • Reconocer tus logros y felicitarte por ellos, aumentando así la confianza en que esta vez sí puedes conseguirlo.

Llegamos al punto clave, estos cambios serán de por vida, pasarán a formar parte de tu manera de vivir, por lo que es una práctica que se lleva a cabo día a día. A partir de ahora, los posts de este tópico serán semanales, para reforzar lo aprendido y tomar en cuenta algunos elementos que van a ir surgiendo en el día a día.

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Las tareas de esta semana serán:

  1. Hacer un seguimiento de lo que comes. Sigue registrando tu menú planificado, y registra cuando comes algo que no lo está, no para regañarte o recriminarte, sino para identificar qué sentías o con quién estabas y seguir anotando detonadores de conductas poco saludables. No olvides felicitarte por seguirlo adecuadamente.
  2. Evitar comer lo que no está planificado. Sé que es muy fácil decir: “sólo una mordida/una galleta/una tortilla extra”, pero recuerda que puede ser muy fácil comenzar así y ya no poder parar bajo el pretexto de que “arruinaste la dieta”. Ahora que apenas se están fortaleciendo tus nuevos hábitos, ayúdate siendo firme.
  3. Vigilar las cantidades. Quizá estamos comiendo alimentos sanos, pero en grandes cantidades, por lo que al final terminamos sintiéndonos mal porque no reducimos de talla o de peso. Identifica cuál es la porción adecuada para tus objetivos y apégate a ella.
  4. Dejar de engañarte a ti misma. Cuando empezamos a flaquear y se nos antojan alimentos poco saludables, es común que aparezcan pensamientos saboteadores, tipo: “me lo merezco”, “lo compensaré comiendo menos más tarde”, “si no me lo como, mi suegra se va a decepcionar”, “ni modo que lo tire, ya pagué por esto”. Recuerda: estás haciendo estos cambios porque crees que son importantes y necesarios, repasa tu lista de beneficios.
  5. Retomar el camino si es que comiste algo no planificado. Es destructivo continuar comiendo de forma espontánea durante el resto del día sólo porque comiste algo que no estaba en el plan. Ese “qué más da” puede implicar que todo el día o el resto de la semana se tomen malas elecciones con la comida o, incluso, que te des un atracón del cual te sientas culpable posteriormente. Si pasa que te comes la rebanada de pastel que compraron en la oficina, simplemente reitera tu compromiso con el estilo de vida saludable, reconoce que paraste en ese momento y continúa con tu plan el resto del día. No es tan grave, cuida los sentimientos de fracaso e impotencia: nadie es perfecto.
  6. Cambiar la idea de lo que es estar lleno. Los días anteriores que hemos estado atentos a las sensaciones corporales, nos hemos concentrado en las sensaciones de hambre. Ahora va a ser necesario observar cuando nos sentimos satisfechos al haber comido y saber parar antes de nos sintamos mal o tengamos ganas de vomitar de tanto alimento que consumimos. Quizá pienses que si no comes hasta el punto del hartazgo te va a dar hambre muy pronto o que ya pagaste por el buffet, ni modo que no lo aproveches. Es necesario cambiar la forma de pensar. Es mejor dejar de comer cuando nos sentimos satisfechos pero no llenos, puedes decirte que no importa, porque dentro de 3 horas comerás tu snack y por lo tanto puedes esperar.
  7. Pesarte y medirte al final de la semana. Es recomendable hacerlo a la misma hora, con la misma ropa que lo hiciste la primera vez, para que haya la menor alteración posible. Antes de hacerlo, evita los pensamientos tipo “espero pesar x kilos”, ya habíamos hablado que la pérdida normal de peso es de medio kilo a 1 por semana (sin tomar en cuenta la fluctuación por el ciclo menstrual por el que atravesamos todas las mujeres).

Como ves, las tareas siguen, sólo que ahora te encuentras mejor capacitada para enfrentar este camino, que no es fácil, pero sí muy satisfactorio. healthylife